"Sólo habrá paz en el mundo cuando haya paz entre las religiones" (Hans Küng).
Sólo cuando se ha sufrido por años una diversidad y cantidad de ataques por parte de personas y sectores fundamentalistas de diversas confesiones religiosas, se puede entender la urgencia de promover la solidaridad interreligiosa.
Mis estudiantes de Teología del Ecumenismo en la universidad recordarán que les explicaba cómo el fundamentalismo tiene como componente a exaltación exagerada de su creencia, a la vez que descalifica a todas las demás y expresa que, quien no se agregue a ella está condenado, perdido. Este no es simplemente un caso de talibanes o fundamentalistas islámicos: se puede identificar ese mismo principio en los sectores conservadores y tridentinos del catolicismo, en los sectores apocalípticos del cristianismo reformistas y pentecostal, en el jaredismo (utra-ortodoxia) judío. También en sectores puritanos del hinduísmo, como ha sucedido en India.
Por desgracia, la imagen que se está dando al mundo con estas tendencias es que las religiones son, en esencia, focos de división, de selección y de discriminación. De ahí que muchos millones de agnósticos prefieran profesar el reconocimiento de la Divinidad y su incidencia en la vida individual de la persona sin la exigencia de matricularse en una determinada asociación religiosa... estando de acuerdo así con Marx: "la religión es el opio del pueblo". En el caso cristiano occidental, es por ello que muchos tienen como slogan "Cristo SÍ, Iglesia NO!".
Los líderes religiosos de todos los credos debemos reconocer que en la actualidad no podemos continuar nuestra labor de guiar a las almas siguiendo viejos postulados medievalistas de exclusión del tipo extra nos nula salus (fuera de nosotros no hay salvación); esto implica, también, el reconocimiento de que vivimos en un mundo global, diverso y pluralista, razón por la cual no existe cabida al centrismo de los credos. Hay que formanos nuevamente en Antropología Cultural, para comprender y valorar las culturas de los pueblos, sean estas conformadas por millones de personas o por unos cuantos que procuran preservar su identidad.
Los líderes religiosos debemos cuidarnos de hacer de nuestros credos lo que hicieron los conquistadores españoles en América Latina, el efecto Bulldozer que tantos daños y heridas intergeneracionales dejó en las culturas de Centro, Surámérica y las Antillas, y que quiere resurgir justificándose en el derecho interno como religión para atropellar las sanas tradiciones de los demás. A ese paso no se hace una sana difusión religiosa sino la perpetuación de la castástrofe de la destrucción del legado inmaterial de los pueblos.
Con la llegada de la Era de la Información, nuestras tradiciones religiosas han visto el surgimiento del Fundamentalismo, de lo cual se ha hablado mucho y a la vez poco. Mucho fuera de las estructuras religiosas, pero poco o nada al interior de las mismas. Decía al respecto el profesor Marcos Aguinis, "la gente le tuvo miedo a la libertad, por eso se refugió en el fundamentalismo".
Aquí es donde nos toca a todos los líderes religiosos, sin distinción de credo, iniciar el trabajo de la solidaridad interdenominacional. Esto no se trata de gestar el sincretismo o la fusión de las religiones en una sola. Ante todo hay que respetar y defender nuestras perticularidades religiosas, porque cada una de ellas hace parte de una porción de la historia de la Humanidad. No olvidemos que en materia religiosa el sincretismo es tan perjudicial como el fundamentalismo, pero la resistencia al sincretismo en ningún momento ha de llevar a actitudes fundamentalistas. El fundamentalismo religioso es el galón de gasolina que se arroja al fuego de la guerra y de las discordias que hay en el mundo, su propagación acabará por destruirnos a todos si no hacemos algo AQUÍ y AHORA.
Pero, por qué el fundametalismo religioso tiene tantos seguidores, tantos altos representantes religiosos militando en él y por qué es tan contundente y tan descalificador? la razón es sencilla: porque es el camino más fácil. En realidad despreciar a una persona porque es diferente a mí, porque cree cosas diferentes a las mías, perseguirla, descalificarla, satanizarla, desconocerla porque no se adhirió a mi asociación religiosa o porque abandonó mi grupo religioso para adherirse a otro que, según su criterio, en ese siente que puede servir mejor a Dios y puede proyectarse en toda su humanidad... esa es la parte más fácil!! por eso muchos en Internet expresan el odio que, a veces, no pueden expresar frente a frente. A veces el odio expresado en Internet es el alimento para acciones de violencia de hecho contra alguien.
Al fundamentalismo religioso no le gusta que se hable de solidaridad interreligiosa, de ecumenismo, de diálogo interreligioso y cultural... porque tiene miedo de perder el monopolio del poder sobre las conciencias, tiene miedo de que se vulnere sus intereses individuales. Por eso el fundamentalismo tiene un arma de chantaje que hasta el momento le ha dado resultado: la satanización apocalíptica. Especialmente en círculos fundamentalistas cristianos, a todas las iniciativas de ecumenismo y de solidaridad interreligiosa se le señala como "acciones del Anticristo"... como si se dedujera que toda acción que busque la amistad entre las naciones y el respeto a la humanidad de todas las personas sin distinción alguna, fueran concebidas por un ente diabólico.
Qué es realmente "Anticristo"? qué es realmente diabólico? usar la religión para la discriminación. Usar una doctrina religiosa para descalificar las buenas acciones de los demás. Usar la religión para monopolizar poderes temporales a la vez que se aumenta la brecha entre ricos y pobres. Usar la doctrina de una religión o de cualquier prática religiosa para promover todo tipo de agresiones contra cualquier persona... usar una religión o la práctica religiosa para legitimar guerras y todo tipo de atropellos contra la dignidad humana en nombre de Dios, de un Salvador en especial o de la religión misma. Eso sí es en verdad diabólico, "Anticristo", satánico.
La solidaridad interreligiosa es el trabajo conjunto entre los líderes y fieles de las religiones persiguiendo un objetivo claro y común: la paz. Y eso ya dejó de ser un compromiso común para convertirse en una urgencia. Sin perder sus particularidades y sin asimiliarse, las tradiciones religiosas están llamadas en esta crítica época de la historia a construir, mediante el trabajo conjunto, iniciativas y espacios de fraternidad y de justicia social a todo nivel.
La solidaridad interreligiosa debe ayudarnos a desenmascarar a los falsos profetas que, a la vez que se autoproclaman salvadores universales, detrás del telón promueven todo tipo de atropellos contra la dignidad humana y gestan guerras. Quienes los siguen no necesitan que los condenemos, al contrario: necesitan de la sana y sabia ayuda de las diversas tradiciones religiosas, necesitan de la fraterna ayuda de todos, para que ellas sean orientadas en la correcta promoción de la trascendencia personal y comunitaria.
En esta época de un demencial derramamiento de sangre y persecución justificados y legitimados por creencias religiosas, es cuando se necesita de una contundente acción de todas las tradiciones religiosas en la construcción de la paz, mediante acciones de perdón, de reconciliación, de entendimiento y de fraternidad. No hay otra salida! la solidaridad interreligiosa es la única respuesta concreta para contrarrestar el avance del fundamentalismo religioso y quitarle significativamente terreno en los corazones, en las familias, en la sociedad y en el mundo.
Al diablo no se le combate con el odio ni con la violencia, sino con el perdón y el amor.

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