Como todos los días excepto en Shabat, reviso tanto mis mensajes de correo electrónico como los mensajes en los foros de Facebook a los que estoy adherido. Y como todos los días y durante más de 8 años, recibo un insulto, un mensaje satírico, una amenaza, una carta intimidante, un concepto descalificador, una falsa acusación.

Esto en el plano ciberespacial. Ahora bien, en el entorno real mis opositores se pronuncian indicando a sus feligresías acerca de la prevención que deben tener hacia mí. Los rabinos ortodoxos instruyen a sus fieles sobre evitar conmigo cualquier tipo de comunicación, incluso el saludo por la calle, ya que al profesar mi fe pública en Cristo fui condiderado "traidor", "apóstata". Los pastores de los "judíos" mesiánicos insisten en mostrarme como el Falso Profeta del Apocalipsis al que hay que atacar a toda costa. Algunos clérigos católicos enseñan a sus fieles el evitarme porque me consideran "sincretismo", "una persona enferma de la cabeza que pretende revolver dos religiones en una", "un charlatán al que no hay que prestar atención".

De ahí salió el chiste: los judíos me odian porque creo en Jesucristo; los mesiánicos y los cristianos me odian porque soy católico, y los católicos me odian porque soy judío!!

Han pasado más de 8 años desde que recibí la semijá (ordenación rabínica) y soy atacado casi a diario por todos los frentes. Es bien sabido en El Vaticano y en Jerusalén los antecedentes de mi vocación rabínica: un marrano sefardí que asistía a la Sinagoga Otodoxa Adat Israel en sus años escolares decide profesar públicamente su fe en Cristo; llega a una congregación de los mesiánicos con la esperanza de hallar allí la armonía perfecta entre fe cistiana y cultura judía. Allí se forma como rabino mesiánico luego de recibir un llamado especial de Dios a ese ministerio, aventajando a sus compañeros de estudio y cuestionando las bases doctrinales del "rabino" mesiánico, aún así sigue formándose hasta que decide convertirse al catolicismo y que no será ordenado por nadie que no tenga sucesión apostólica; es así como un presbítero sefardí le otorga, en nombre del Señor Jesús y del Pueblo Judío Creyente en Cristo, y en virtud de la sucesión apostólica que posee, la semijá.

Los acontecimientos que sucedieron a aquel viernes 2 de febrero de 2001 son conocidos por todos: las amenazas de muerte por parte de los jaredím, los continuos ataques de los mesiánicos que desembocan en una serie de llamadas telefónicas de amenazas de muerte en abril de 2003. La excomunión contra mi persona declarada por los obispos Octavio Ruiz Arenas y Jaime Pinilla Monroy en junio de 2001, excomuniones providencialmente anuladas por el señor Nuncio Apostólico en Colombia, Mons. Beniamino Stella y por Su Beatitud Michel Sabbah, quien fuera Patriarca Latino de Jerusalén hasta el año 2008. La persecución declarada en mi contra por parte de todos los movimientos católicos conservadores tridentinos y de algunos pastores cristianos simpatizantes de los mesiánicos, que me señalaban como "Falso profeta", "hijo de Satán", "embajador del demonio". Mi expulsión del Opus Dei por negarme a renunciar a las tradiciones de mis ancestros, pues se me exigía ello para ser considerado "un verdadero católico". Los hostiles comentarios por parte de algunos clérigos de la Arquidiócesis de Bogotá empeñados en destruir la B'nei Tzion y la exigencia de renunciar, tanto a mi rabinato, como a ni nacionalidad judía, todo para demostrar que soy un católico sincero. La censura que sufro por parte de las escuelas de formación de catequistas por la misma situación. La indiferencia de muchos presbíteros y comunidades de la Renovación Carismática Católica, que se dejan convencer por mis enemigos y sin conocerme personalmente me estigmatizan inmediatamente como un "desequilibrado mental que necesita de ayuda psiquiátrica, para que no haga más daño a la sociedad".

A eso hay que sumarle la estigmatización social por causa de este ministerio. El rechazo total en el mercado laboral por "sobrecalificación de currículo"; el haber sido expulsado de tres colegios por el simple hecho de ser judío y de negarme a renunciar o manifestar mi identidad cultural, la puesta en lista negra de mi nombre en una federación de colegios católicos de Colombia con la expresa prohibición de contratar mis servicios como profesor de Educación Religiosa. La discriminación sufrida por parte de algunos cabezas de iglesias aún a pesar de mi participación en los diversos colectivos ecuménicos de Bogotá. El rechazo de mi currículo en algunas universidades por ser hebreo católico. La censura que aún sufro en ciertos medios de comunicación por ser rabino católico... y obviamete no podía faltar la guerra que mi familia declaró contra mí, fuera de haberme desheredado y declarado "hijo muerto"; fui conducido por mi propia madre y hermanos en dos ocasiones a estación de policía por "rebeldía", siendo así humillado aún más por agentes que, ignorantes de toda experiencia espiritual, me señalaron de "enfermo mental".

Perseguido, satanizado, estigmatizado, humillado, condenado, falsamente acusado, rechazado, ignorado... hablando con mi esposa, cualquier otra persona en mi lugar debería estar verdaderamente mal psicológicamente, internado en clínica de reposo, humanamente hablando debería no estar en mis cabales. Cualquiera en mi lugar hace rato hubiera renunciado y se hubiera dedicado a ser una "persona normal".

Cómo es posible que yo permanezca, luego de más de 8 años, inmóvil y firme en mis convicciones religiosas cristianas y en mis tradiciones culturales judías? cómo es posible que yo, a pesar de todas estas contrariedades, prefiera, como le grité al Canciller de la Arquidiócesis de Bogotá, la muerte antes que renunciar al rabinato, a mi nacionalidad judía y a mi fe en Cristo?

Sólo tengo una respuesta: esta fuerza de perseverancia, de resistencia, no sale de mi motivación; es sin duda alguna la fuerza que el Espíritu Santo me ha concedido para ejercer con dignidad y honor el rabinato en y desde la Iglesia (empezando porque yo no quería ser rabino, la realización de mi vida era la vida policiaca, no la religiosa, y tuve que sacrificar esa vocación profesional para dedicarme a un ministerio que yo no quería asumir). Ha sido también lo que el Catecismo de la Iglesia Católica llama el sensus fidei, ese instinto colectivo espiritual que el Espíritu Santo le concede a muchos creyentes para determinar quién es en verdad alguien que Dios le ha encomendado una misión, y quién es un falso profeta.Y eso se aplica para todas las iglesias de Cristo.

Dicen que existe algo que se llama la gracia de estado, que consiste en que cuando el Señor le confía a alguien una msión, también le da las herramientas para que pueda ejercer bien esa misión que le ha encomendado. Creo yo que el Señor Jesús, por Su misericordia, me ha respaldado fielmente en estos más de 8 años de rabinato, y me ha concedido dos cosas para que quede de manifiesto que esto fue un directo llamado de El y no fue de mi propia iniciativa:

1. La autoridad que gozo en ciertos círculos judíos, cristianos y hasta islámicos... círculos que han tenido la oportunidad de interactuar conmigo, conocerme personalmente y trabajar en conjunto.

2. los frutos de mi labor rabínica: un apretado portafolio de servicios, reconocimientos y distinciones, cartas credenciales y de recomendación, cientos de predicaciones impartidas, decenas de libros escritos, decenas de ponencias y discursos en las más prestigiosas universidades de Bogotá, entrevistas en radio y televisión, ejercicio de la docencia en universidades con exitosos resultados, la dirección de un importante grupo de investigación científica como lo es el Observatorio de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Universidad San Alfonso...

... pero sin duda la conversión de los pecadores y la santificación de las personas de buena voluntad de todas las confesiones religiosas que se han acercado a este servidor para recibir asesoría espiritual, es uno de los mejores frutos.

"Por sus frutos los conoceréis", enseña el Divino Maestro, pero hay que aclarar que estos frutos no han sido el resultado de mi trabajo como tal, ya que uno puede trabajar incansablemente pero no obtener ningún tipo de resultados. Todo esto ha sido posible gracias a la misericordia del Todopoderoso, no hay ninguna otra explicación para esto.

Ser rabino católico en medio de una sociedad intolerante, hostil y fundamentalista, me compromete a perseverar a pesar de todas las contrariedades sufridas; yo tengo que decepcionar a todas las autoridades eclesiásticas y rabínicas que me gritan "dile al mundo que no eres rabino, renuncia!". Yo prefiero perder la amistad con cualquier persona y no perder la amistad con Dios, ya que si obedeciera a los clérigos católicos y judíos, estaría diciendo al mundo que los engañé a todos, que en realidad el Señor no me llamó  verdaderamente al rabinato y que yo soy un mentiroso, un embustero, un estafador. Dios me libre de hacer semejante estupidez!!

De hecho, contrario a muchos estafadores y ladrones de almas, yo no devengo ningún tipo de remuneración por concepto de diezmos u ofrendas, yo me gano la vida gracias a mi trabajo de profesor. Contrario a muchos líderes religiosos, yo no pose congregación alguna, la Humanidad entera es la congregación a la que tengo que servir. Contrario a muchísimos clérigos, yo no tengo un templo o casa de oración para recibir a la gente: el mundo entero es mi templo, mi sinagoga, mi mezquita.

Pero como verdaderamente fui llamado por el Señor Jesucristo para ejercer el rabinato en la Iglesia (aunque algunos clérigos me griten que "ese título no existe en la Iglesia", a los cual debo responderles "entonces para qué me recibieron en la Iglesia?"), es por eso que esa convicción total y la veracidad de mi testimonio me permite no negar nada de lo que he dicho y hecho. Por esta convicción firme es que he estado viviendo, como una vez decía la Hna. Mabel Rodríguez, Franciscana de la Inmaculada, "el martirio como vocación de vida"... en disposición total de morir, de ser necesario, por mantenerme firme e inamovible a estos principios y a esta vocación... la muerte antes que negar todo, la muerte antes que mentirle al mundo por agradarle a unos cuantos intolerantes... la muerte antes que pecar cediendo a la presión de mis enemigos. En palabras de Sto. Domingo Savio, la morte ma non peccati (antes morir que pecar).

Mientras la Iglesia tenga en su interior algún vestigio de antisemitismo, mientras exista en ella la necesidad de reconocer y valorar sus raíces judías, mientras haya la necesidad de alguien que enseñe a los fieles a comprender las Escrituras, mientras el Pueblo Judío siga siendo perseguido por ser lo que es, mientras existan los judíos creyentes en Jesucristo y no haya nadie que les enseñe a vivir como tales, mientras siga existiendo la presión contra los judíos creyentes para que se renuncien a su cultura y se asimilen, mientras exista el fundamentalismo religioso y no haya nadie que invoque la urgencia de la fratenidad y la solidaridad interreligiosa, mientras existan autoridades religiosas ultra-ortodoxas y ultra-conservadoras que atropelan la dignidad humana en nombre de sus doctrinas, mientras existan líderes religiosos que se autoproclaman "rabinos" sin tener la formación y la semijá, mientras existan falsos sionismos y falsos pro-palestinismos que reclaman el derecho a derramar sangre humana en nombre de la libertad o de la paz...

... mientras todo esto no desaparezca, siempre habrá necesidad en el mundo de un rabino católico. En esta generación me correspondió asumir esa tarea, y no habrá poder humano que me convenza de hacer lo contrario.