Si el Cristo o Xristos, Mesías o Mashíaj (el idioma no es lo importante, se habla de lo mismo) que tú predicas ordena amar al Unico Dios Vivo y Verdadero por encima de todo, y a la vez a amar a todos los seres humanos como a nosotros mismos, entonces sí soy el discípulo del Cristo, el discípulo del Mesías.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas enseña a amar la paz y buscarla, a procurar que el mundo entero viva en un clima de hermandad y solidaridad superando cualquier barrera nacional, étnica o religiosa, entonces sí soy su discípulo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas defiende el carácter sagrado de la vida humana y se opone a que cualquier ser humano levante sus manos para agredir de cualquier manera o asesinar a otro ser humano, sea cual fuere su edad o sexo, raza o religión, ideología o nacionalidad, condición económica o social, entonces yo sigo a ese Mesías o Cristo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas enseña que hay que transformar las realidades humanas en realidades de amor, de paz, de justicia y de verdad a través de nuestros oficios y profesiones, entonces sigo a ese Mesías.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas enseña que todo ser humano tiene el derecho inviolable de buscar la Verdad a través del compatir, la investigación, la plegaria y la meditación, y una vez hallada esa Verdad esa persona tiene el derecho de ordenar sus esferas de vida en torno a esa Verdad hallada y a profesarla y difundirla de manera individual o colectiva, entonces sí soy discípulo del Mesías o Cristo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas respeta el libre albedrío, el derecho inalienable que tenemos como seres humanos de no obrar en contra de nuestra conciencia, de no estar de acuerdo con idea o creencias que no nos parecen correctas o claramente expuestas, si él enseña el derecho a la libertad de expresión en el marco del respeto mutuo y la posibilidad del debate de ideas para aproximarnos juntos a la Verdad, entonces soy díscípuo del Mesías.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas enseña que las religiones son opciones de cutivar la comunicación con Dios, y que independientemente de qué tipo de religión se profese, éstas deben ayudar a la persona a ser mejor ser humano tanto individual como colectivamente, y que toda persona tiene el derecho de adheirse a cualquier religión o desvincularse de cualquiera de ellas sin que por ello sea arrojada a la condenación eterna del infierno (pues todas las religiones antiguas y nuevas, sin excepción alguna, deben llevar a las personas hacia Dios, o sencillamente no son más que "opio del pueblo"), entonces sí! creo en ese Mesías y le sigo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas condena todas las injusticias que se cometen contra los pobres, los más vulnerables, condena la corrupción y el engaño, el legalismo y el privilegio de los más poderosos, y exige justicia, verdad y reparación, entonces sí soy discípulo de ese Mesías.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas enseña que la familia es el núcleo de toda sociedad y que hay que defender sus valores y conformación, su acción interna y externa por cuanto es ella la escuela primaria de todo ser humano, entonces sí creo en tu Mesías o Cristo y le sigo.
PERO si el Cristo o Mesías que tú predicas exige adoración para sí mismo y pretende arrebatar el lugar que sólo el Dios Verdadero puede ocupar, olvidando que la más excelsa manera de adorar a Dios es respetando celosamente la dignidad humana, entonces yo soy el Anticristo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas ordena amar a los que creen lo mismo que tú pero te ordena odiar y perseguir a todos los que no piensen ni crean lo que tú, entonces yo soy el enemigo de ese Cristo o Mesías que sigues.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas no enseña a amar la paz y a buscarla sino que enseña que tú tienes que atacar a otras personas en su Nombre, si él te ordena ejecutar "guerras santas", "cruzadas" y todo tipo de acciones que conlleven a discriminar, agredir a las personas verbal y físicamente y a tacharlas de "herejes", "apóstatas", "pseudos", "sectarios", "parias", "desechables", "enfermos mentales" y otro tipo de despreciativos, todo porque no son de tu misma creencia religiosa, raza, nacionalidad, posición económica o social, tendencia sexual o ideología política, entonces sí! yo soy el Anticristo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas desprecia el valor sagrado de la vida humana y aprueba todo tipo de acciones que generan derramamiento de sangre, a asesinar a las personas incluso desde antes de nacer, entonces yo soy el enemigo de tu Mesías o Cristo al que sigues.
Si el Cristo o Mesías que predicas dice que debes aislarte del mundo y de tu vida cotidiana porque según él, este mundo es "demoniaco", si te enseña a ver a los que no son como tú como "influencia del mal", entonces yo soy orgullosamente el Anticristo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas insiste en que él y sólo él tiene la plenitud de la Verdad, y que absolutamente nadie le puede contrariar o debatir, y que quien no se adhiera incondicionalmente a sus enseñanzas o creencias está predestinado a la condenación eterna del infierno, entonces yo soy el Anticristo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas está de acuerdo con que los ministros religiosos exploten a las personas a costa de su fe mediante el tributo divino (ofrendas, pactos, diezmos, semillas, etc.) sin importar el hambre, las deudas, las necesidades y responsabilidades financieras que sus seguidores deben cumplir, con la promesa del cielo, de la prosperidad y de la salvación, entonces yo soy el enemigo de tu Mesías o Cristo.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas no protesta contra la opulencia de los ricos mientras contemplan con una hipócrita lástima el hambre y las condiciones infra-humanas que los pobres tienen que vivir; si tu Mesías no protesta contra los políticos que se roban el dineo de los contribuyentes de sus países, si no protesta contra la lucha armada como solución a los problemas de los países, si tu Mesías se queda callado ante la satánica alianza entre política y religión que esclaviza a los ciudadanos en nombre de Dios y de las "buenas costumbres", si se queda callado ante el legalismo de las ortodoxias religiosas que adormecen las conciencias de sus feligreses para que no se levanten contra la corrupción y las dictaduras, haciendo de sus prácticas religiosas el verdadero opio del pueblo... si tu Mesías o Cristo es indiferente ante las masacres, la delincuencia, la inseguridad, la muerte y la desintegración del país, entonces yo soy el Anticristo porque tu Cristo o Mesías es un alcahueta y un morboso de los poderosos que quieren exterminar a los pobres.
Si el Cristo o Mesías que tú predicas exige romper relaciones con tu familia y aislarte de ella porque según él "son del mundo maligno" y porque no creen en lo que tú crees, y a cambio te presenta a tu congregación religiosa o se presenta él mismo como tu verdadera familia, haciéndote incapaz de ser un punto de referencia y de unidad familiar, entonces yo soy el enemigo de tu Cristo o Mesías.
Y a ese Mesías me niego a seguirlo, y lo desenmascararé ante tus ojos, para que descubras que hay muchos que se presentan como salvadores de tu país, religión o de tí mism@, pero en realidad esos Mesías o Cristos te llevarán a la ruina y la destrucción total... porque no valoran lo que tú eres ante el Dios Vivo y Verdadero, porque no son verdaderos mesías ni verdaderos profetas.
YO, EL ANTICRISTO.
Dice Jesús de Nazareth: "mirad que nadie os engañe porque se levantarán falsos mesias y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos" (Mateo cap. 24).
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