Está claro que estamos viviendo una época en la historia de la Humanidad que se caracteriza por el diálogo entre culturas, civilizaciones y credos, gracias a la Globalización. Es en esta época en la que tenemos la tarea de lograr no sólo la buena comunicación entre todas las tradiciones de fe, sino que además esos esfuerzos deben estar enfocados en alcanzar la paz interreligiosa, como presupuesto para el establecimiento de la paz mundial.

Sin embargo vemos que los esfuerzos en alcanzar la paz interreligiosa usualmente son minados frecuentemente por la práctica actual de la Apologética (entendida como un área de la Teología que se encarga de la exposición de las doctrinas de un credo determinado y cuestionado). En sus inicios la Apologética surgió en la Roma Imperial, específicamente del siglo III, en los círculos del cristianismo. Su función era argumentar de manera razonable la exposición de la doctrina cristiana en respuesta a las acusaciones de sus contemporáneos de ser una práctica religiosa contraria a las buenas costumbres de aquel entonces. Orígenes, Justino y Tertuliano se cuentan entre los pilares de la Apologética cristiana.

Hoy día las bases de la Apologética se han modificado y ha pasado a ser, ya no un estudio argumentativo de doctrina, sino que actualmente su práctica se ha especializado en la identificación, clasificación y satanización de todas aquellas expresiones religiosas que no se ajustan a la doctrina oficial del apologeta (ya que la señalización de tal o cual grupo religioso puede variar según la religión que el apologeta profese).

Inicialmente la Apologética se dinamizaba fielmente a su raíz griega que significa "defensa". Luego se pasó de la defensa al ataque, a la ofensiva. Fue así como la Apologética se degeneró en señalar de manera obsesiva a todas las expresiones religiosas fuera de su dominio como "secta". La sectología pasó a ser no sólo un elemento de estudio apologético, sino que se convirtió en su más excelsa expresión académica.

Es así como el apologeta actual dejó de ser lo que era en sus inicios, perdió por completo su identidad y su naturaleza argumentativa, para convertirse en un "académico" dedicado a publicar "listas negras" de todos aquellos grupos religiosos que no se someten a la doctrina de la religión. Por eso el apologeta suele llamara "secta" a toda expresión religiosa que no se ajusta a sus supuestas "verdades infalibles".

Cuando escribí el libro Cuando la Matrix te Tiene... en el año 2008, lo hice influenciado por esta visión apologética; aunque mi intención era denunciar cómo en muchos espacios religiosos se practican técnicas de manipulación sobre las personas y quise limitarme al campo de la psicología religiosa, cometí el error de caer en esta condenable práctica "apologética" y fue así como acabé cayendo en la misma trampa en la que todos los apologetas han caído: terminé haciendo una lista negra de "sectas".

Por eso para cuando terminé mis estudios de diálogo interreligioso en Corea, estudios en los que adquirí nuevas herramientas y cuestioné mis propias argumentaciones, y publiqué posteriormente el libro Del Macroecumenismo a la Cooperación Interreligiosa, quise enmendar el error cometido. Por eso escribí en el mencionado texto lo siguiente:

Tenemos que cuestionar la Apologética y replantear sus bases tal y cual son practicadas hoy día. La verdadera Apologética consiste en exponer con argumentos por qué creo en lo que creo; no se trata de satanizar, estigmatizar o ridiculizar al otro por no tener las mismas creencias que yo... en el tiempo actual la Apologética dejó de ser el ejercicio de la razón para la exposición de la fe, y más bien se convirtió en una “disciplina científica” dedicada a promover bajo la fachada de “investigacióncientífica” la discriminación religiosa mediante la publicación de “listas negras de sectas”, y clasificando como “movimientos sectarios” a todas las tradiciones religiosas (especialmente las nuevas y pequeñas tradiciones religiosas) que no aceptan la doctrina de la religión representativa del escritor.

He expuesto, entonces, la verdadera situación de la actual Apologética, la cual se ha estado presentando como una "disciplina científica" completamente ajena a su plataforma inicial. La práctica actual de la Apologética, al dedicarse al estudio despreciativo de las expresiones religiosas no-alineadas a la doctrina oficial de alguna estructura religiosa en especial, promueve lamentablemente la discriminación, el terrorismo religioso y sentimientos de triunfalismos y arrogancias teológicos que, en lugar de aportar a la paz entre las tradiciones de fe, agrava mucho más el conflicto ya existente entre credos.

No se puede hablar de diálogos de paz mientras persista la intención y la acción de agredir al otro. Una tradición religiosa no puede pretender hablar de paz entre los credos mientras persistan "apologetas" dedicados a la cacería de brujas escudándose en la fachada de "teólogos expertos, apologetas consagrados" porque eso amplía mucho más el distanciamiento entre las tradiciones y las denonimaciones religiosas.

La actual Apologética no sirve si se quiere avanzar, por lo menos, en una verdadera situación de diálogo intra-religioso e inter-religioso. Parafraseando al rabino Eliezer Berkovitz, cómo se puede dialogar con un grupo religioso que, en su arrogancia teológica, acusa a todas las demás expresiones de fe de estar "equivocadas", destruyendo de entrada y de esa manera las bases de una verdadera situación de diálogo?

Pueda que en el pasado la estrategia de la "cacería de brujas" y "listas negras de sectas" haya funcionado para perseguir a todas las esxpresiones de fe alternativas y preservar así el orden establecido, pero hoy día ya no es así. Hoy día a nadie se le puede descalificar o despreciar por profesar una tradición de fe diferente a la de las estructuras religiosas. Está claro que la Apologética, tal cual es practicada hoy día, en nada ayuda ni al diálogo ni a la cooperación interreligios, sino que además sólo se puede comparar su dinámica con aquel que intenta apagar un incendio arrojando napalm a las llamas.

El mundo está aprendiendo a coexistir y convivir en el pluralismo religioso, en la diversidad de credos; todas las expresiones de fe son válidas, todas las religiones son verdaderas, a ninguna se le puede menospreciar y todas deben aportar a la paz mundial. Todos estamos aprendiendo a ver en la expresion de fe del otro, no un "hereje" ni un "apóstata" sino una nueva y particular experiencia de Dios, bien sea para esa persona, bien sea para una colectividad en especial, pero sin duda alguna un nuevo aporte al establecimiento del reino de la paz en el mundo (porque la dinámica de toda expresión religiosa sana es, y siempre lo será, la búsqueda del bien común).

La Apologética tiene el reto de volver a beber de sus fuentes, rescatar su ejercicio de "dar razón de lo que cree". Si la Apologética quiere sobrevivir como disciplina teológica, debe regresar a sus bases, a su naturaleza original. Hay que rescatar el ejercicio argumentativo de la exposición doctrinal y renunciar a su insistencia de catalogar como "secta" a todo lo que no se ajuste a su realidad particular; es decir, la Apologética no puede continuar con su diabólico ejercicio inquisitorio porque de lo contrario perderá toda credibilidad científica y será relegada a un ejercicio pseudo-científico que legitima el terrorismo religioso.