Fragmento del libro "Del Macroecumenismo a la Cooperación Interreligiosa" escrito por el Manhig de Shéguel. Bogotá 2009.
Afirmar que nuestra tradición o denominación religiosa es la única verdadera sobre la tierra es una forma de practicar el exclusivismo, el proselitismo agresivo y la segregación religiosa que por milenios ha golpeado a millones de personas.
Este punto puede sonar terriblemente duro para quienes están acostumbrados a forzar a las personas para que, de una u otra forma, abracen las creencias de quienes buscan ganar adeptos. El terrorismo religioso se vale precisamente de una técnica de manipulación sectaria llamada “dispensación de la existencia” para chantajear psicológica y espiritualmente a las personas bajo el lema “si no te conviertes a mi religión te condenarás”.
En la Asamblea de Seúl celebrada en julio de 2009 y en la que participaron más de 300 lideres políticos y religiosos de 100 países y que firmaron la Declaración de Cheong Jeong Gung se llegó al consenso de que no hay nada más irrespetuoso que el proselitismo religioso agresivo, y que esto agrava mucho más las relaciones entre las religiones que las diferencias doctrinales entre sí.
Si estamos convencidos de que no existen “ciudadanos de primera clase” o “de segunda”; de que no existen “razas superiores” y “razas inferiores”, entonces tendremos que decir también que no existen “religiones verdaderas” y “religiones falsas”. Todas, absolutamente todas las confesiones religiosas son verdaderas y válidas, ya que Dios se expresa a la Humanidad en palabras humanas y valiéndose de los símbolos humanos conforme las necesidades y los códigos culturales de cada pueblo.
Mientras esa barrera invisible no se derribe, nadie puede decirse que es una persona ecuménica o interreligiosa, porque ya está discriminando al que hace poco dijo que reconocía como "hermano" por ser creados todos por el mismo Padre Celestial.
En 1991 se reunieron 40 estudiosos de las religiones en los Estados Unidos y realizaron una lectura comparativa de todos los libros sagrados de todas las religiones existentes en el mundo, con el objetivo de identificar si había en ellos conceptos en común. El resultado fue que el 73% de los textos sagrados usaban términos y conceptos similares, mientras que el 27% restante sólo eran los elementos comunes a la identidad propia de cada tradición religiosa. Es decir, todas las religiones del mundo enseñan exactamente lo mismo en un 73%.
No se trata de hacer comparativos en contenido sino en reconocer la dignidad de todos los seres humanos como hijos de Dios, sin excepción alguna. Por lo tanto, si Dios se ha manifestado a la Humanidad entera y los pueblos expresan de manera diferente esa experiencia de Dios (a través de sus ritos, contenidos doctrínales y propuestas de ética universal), no existe razón alguna para hacer ofensivos diferencialismos entre “religiones reveladas” y “religiones naturales”, ya que absolutamente todos los credos, de una u otra forma, han experimentado el acontecimiento del Dios del Universo que se da a conocer a los seres humanos, expresando ellos esa experiencia según sus respectivos códigos lingüísticos y culturales.
Uno de los problemas del diálogo interreligioso es que se convirtió en un monólogo y no en un diálogo. Es decir, cada representante de una tradición religiosa se dedica exclusivamente a decir en qué creen sus correligionarios, pero en ningún momento rescatan cómo eso mismo que ellos enseñan, también lo enseñan otras religiones pero con otras palabras, y aún así el mensaje es exactamente el mismo.
Así es como muchos encuentros interreligiosos se han convertido más en exhibiciones confesionales que en un verdadero encuentro de diálogo interreligioso. Por eso es esencial replantear la metodología de los encuentros entre representantes de las diversas religiones.
No se niega que es importante que cada representante exprese su identidad y su particularidad, ya que sin conocernos bien mutuamente es imposible acercarnos y dialogar. Pero los encuentros no se pueden quedar ahí, es necesario que cada representante confesional esté en plena capacidad de valorar lo que es común con las demás religiones.
En mis discursos interreligiosos suelo hablar acerca de un valor universal fundamentado en lo que varias religiones dicen, incluyendo la mía. Así demuestro que de la misma manera como lo mío es importante y puede aportar mucho a quienes nos escuchan, igualmente yo valoro lo que las demás religiones dicen en sus respectivas escrituras acerca de lo que yo estoy hablando. Y así los representantes de las demás religiones pueden sentir que los quiero verdaderamente.Una verdadera cultura interreligiosa desafía a todos los ministros de culto a ir mucho más allá de las comisiones ecuménicas e interreligiosas, a ir mucho más allá de la tolerancia (que en últimas viene siendo una actitud resignada de aceptar la existencia del otro a regañadientes, sin una intención sincera del corazón).
El Papa Juan Pablo II expuso esta dimensión de amor verdadero entre los líderes religiosos de esta manera: "la única competencia válida entre nosotros, es ver quién de todos nosotros le puede ofrece al otro el amor más grande".
Al asumir a todos los seres humanos como mis hermanos legítimos, ya no puedo discriminar a absolutamente nadie por ninguna razón, debo estar en capacidad de acoger a todos; toda la Humanidad debe caber en mi corazón y aún así debe sobrar espacio para uno más. Esto me lleva a algo más: a que el reconocer al otro como "hermano", no puedo simplemente decirlo de dientes para afuera, es necesario demostrarlo con acciones concretas.
Es muy difícil convertirse en ciudadano del mundo si uno no se da la oportunidad de conversar, comer, cantar y hasta incluso bailar con el que es de otra cultura diferente a la mía. Es muy difícil convertirse en una persona de espíritu interreligioso si no estoy en disposición de rezar las plegarias del otro, de estudiar junto con el otro sus textos sagrados, de visitar el templo del otro y todo sin dejar de ser quien soy.
Yo mismo he dado al mundo entero ejemplo viviente de esto: he rezado con musulmanes, con cristianos, con hinduistas, con budistas, he estudiado sus textos sagrados (y extraigo de ellos enseñanzas comunes para todas las personas) y he ido a rezar a pagodas, mezquitas, templos y parroquias, y esto en nada ha afectado ni en lo más mínimo mis convicciones y mis tradiciones judías.
Casi todos le temen a esto porque piensan que si comparten con el otro sus rezos, lecturas y espacios de oración, ya con eso se está traicionando a Dios y a su propia religión o se está perdiendo la identidad religiosa y cayendo en el sincretismo. Sólo los que no tienen bien claras su identidad y sus propias creencias religiosas, ven a los demás como "gente religiosa de segunda categoría" y son los primeros en perder las bases de su propia identidad religiosa.
Una persona de espíritu interreligioso es por naturaleza una persona de mentalidad incluyente y aprovecha los encuentros interconfesionales para hacer de ellos un verdadero espacio de encuentro con el otro por lo mucho que tenemos en común.
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Hola, estoy de acuerdo en mucho de lo que dices pero en otras no. Estoy de acuerdo con el hecho de no discriminar a nadie por su fe, eso esta muy mal, considero que todas las religiones que no atenten contra la integridad humana son validas, más no verdaderas, todas son distintos caminos que nos llevan al mismo lugar, Dios. Cuando digo que no son verdaderas no discrimino, se que suena contradictorio, pero es verdad, solo afirmo una realidad, y todos como tú, en cierta medida lo aplican, porque por algo de entre todas las religiones que existen tomaste solo una para seguir, tu no eres judio-musulman-budista, etc...solo eres judio y crees en tu fe como el camino correcto a Dios sin infravalorar a los demas, igual, Dios no juzga por la religion sino por el corazon, solo quien ama como nos enseña Dios sera salvo independientemente de su fe. Segundo, lo que si no comparto es lo de orar en otros templos, claro esta que ellos merecen respeto por ser lugares de culto para las personas de otras confesiones, pero, ?esta bien orar y realizar las mismas practicas de otras religiones? acaso en el nuevo testamento a nosotros los cristianos no nos advierten de no comer comida ofrecida a otros dioses? como manejas esto? acaso Salomon no perdio a Israel por permitir cultos a otros dioses en la tierra prometida? bueno, espero no parecer intolerante, porque esa no es mi intencion, sino de reflexionar un poco mas sobre este tema del acercamiento interreligioso. Que piensas tu?