En Colombia estamos conmemorando los 20 años de la promulgación de las libertades religiosas, de conciencia y de culto en la Constitución Política Nacional; los artículos 18 y 19 de nuestra Carta Magna han sido tan defendidos como cuestionados. En mi humilde opinión, este fue un gran logro legal luego de siglos se segregación religiosa, pero en la praxis aún subsiste una cultura de discriminación religiosa socialmente aceptable que es alimentada desde los púlpitos. Es decir, en nombre de la libertad religiosa se desconocen y se satanizan las libertades religiosas, de conciencia y de culto del otro que no se sujeta a las tradicionales estructuras religiosas.
Como lo denuncié en la Lectio Magistralis "Aproximación al Conflicto Religioso en Colombia" que impartí a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, en Colombia el primer lugar en donde son sistemáticamente atropelladas estas libertades constitucionales es en la propia familia. Hoy día contamos con millares de famiias multi-confesionales, ya no tenemos la cohesión de fe de antaño, lo que amerita que se genere toda una pastoral familiar de esa naturaleza.
El segundo lugar en donde las libertades religiosas, de conciencia y de culto son violadas sistemáticamente es en la escuela. Hemos recibido miles de denuncias de estudiantes que protestan porque las directivas de sus colegios (tanto públicos como privados) les obligan a practicar actos de culto que no corresponden a sus creencias personales.
De otro lado, también como lo denuncié en mi libro "Del Macroecumenismo a la Cooperación Interreligiosa", tenemos expresiones religiosas diversos sectores que se escudan, incluso en la autoridad institucional, para legitimar sus ataques a quienes no rezan como ellos ni aceptan las doctrinas que ellos. Esta expresión de agresión contra la expresión religiosa ajena esa muchas veces disfrazada de "apologética" o "defensa de la sana doctrina". Otros sectores se autoproclaman "poseedores absolutos de la Verdad y "la religión verdadera" a la vez que descalifican y señalan como diabólicas y "falsas religiones" a todas las demás expresiones religiosas que no se ajustan a sus doctrinas... agravando mucho más la polarización de extremismo religioso ya existente.
El profesor Gavin Hyman del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Lancaster ve en esta situación una dificultad debido a que, desde su perspectiva, el diálogo interreligioso ha sido motivado por poderosos sectores que no buscan la cooperación interreligiosa para la paz mundial como meta sino el aseguramiento del poder clerical en perjuicio de una verdadera situación de diálogo interreligioso:
Muchas han sido las voces - del oriente y el occidente, del norte y el sur - que han señalado que, a pesar de las mejores intenciones, la práctica del diálogo interreligioso generalmente ha sido constituida por la imposición arbitraria de los supuestos de aquellos que detentan más poder y riqueza. No se trata simplemente del caso del poderoso que impone su posición sobre el débil, a quien se niega a escuchar; más bien se trata de que las bases mismas sobre las cuales el diálogo procede, generalmente han encarnado los supuestos de los privilegiados. La situación es exacerbada por el hecho de que este privilegio ha operado invisiblemente. De este modo las acusaciones contra el diálogo, tal y como ha sido practicado en el pasado no consisten únicamente en que ha fallado patentemente en la búsqueda de un intercambio genuino, determinado por el encuentro franco entre las diferencias, sino también en que ha sido inherentemente injusto (HYMAN, Gavin. Prólogo a GÓMEZ, Carlos. Diálogo interreligioso: el problema de su base común. Bogotá: Universidad del Rosario - CETRE 2008, p. 9).
Hasta el momento el diálogo entre las estructuras tradiciones religiosas se ha alimentado y apoyado, pero queda un sinsabor cuando se ignora o se rechaza la presencia de los líderes de las pequeñas y nuevas tradiciones e institutos religiosos. En este caso las acusaciones públicas y privadas de "falso", "pseudo", "hereje" y "secta" prevalecen en nombre del diálogo interreligioso, lo que genera un nuevo y grave conflicto.
El derecho a la existencia se le ha negado públicamente a los líderes de congregaciones más pequeñas y de las nuevas tradiciones de fe, agravando el conflicto interreligioso. En Colombia la negación del derecho del otro a una identidad religiosa personal se ha expresado a través de toda clase de acciones violentas, incluso en el seno de las familias mismas... cómo es posible que extendamos esta diabólica cadena a lo religioso?!
Todos los líderes religiosos tenemos que tomar conciencia de que ya no podemos perpetuar una cacería de brujas en nombre de nuestros respectivos credos. Ya no nos podemos seguir descalificándonos unos a otros con el fin de autolegitimarnos. Si como líderes espirituales de nuestras comunidades afirmamos defender los Derechos Humanos, tenemos que hacerlo no solamente para nuestros propio beneficio sino también procurando que el otro que no profesa el mismo credo que yo.
La máxima "vivir por el bien de los demás" debe traducirse en la cooperación interreligiosa en acciones que procuren defender en primer lugar, el derecho del otro a la existencia, para que también yo pueda gozar junto con él de ese mismo derecho. Si yo tengo derecho a expresar de manera libre mis creencias religiosas sin ser molestado por nadie, estoy en la obligación moral de conceder al otro ese mismo derecho, siempre que se haga en un clima de respeto mutuo, de fraternidad y de deseo de conocer al otro, jamás de compararme con el otro para luego degradarlo.
Para lograr esa cultura de respeto que la cooperación interreligiosa exige, el profesor Sun Myung Moon nos enseña: "respeten las tradiciones de las otras religiones y hagan todo lo que puedan para prevenir conflictos y discordias entre las religiones" (MOON, Sun Myung. As a peace-loving global citizen, launching edition. Seoul, sin editorial 2009, p. 310). Los más de 300 líderes políticos y religiosos que participamos de la Asamblea de Seúl en julio de 2009 concluimos que no era lo mismo ser tolerante que ser respetuoso, ya que el tolerante, como su término así lo indica, "tolera", y tolerar se entiende como "aceptar a regañadientes, de mala gana, resignarse a la existencia y la diversidad del otro aunque yo lo odie". Descubrimos que la "tolerancia religiosa" era una bomba de tiempo que en cualquier momento podría desencadenar una agresión. Como alternativa semántica, se decidió que lo mejor es promover el respeto entre las religiones.
Este respeto a las religiones se ha de expresar tanto de palabra como de obra. Se hace urgente, por tanto, cambiar el lenguaje dogmático con el que hasta ahora nos hemos referido a los que no pertenecen a nuestra asociación religiosa. Términos como "pagano", "mundano", "falso profeta", "idólatra", "anticristo", "hereje", "apóstata", "pseudo", "secta" y otros similares, deben desparecer para siempre del lenguaje de aquel que quiera de corazón participar de la experiencia de cooperación interreligiosa.
Yo no tengo el derecho a llamar "secta" a ninguna tradición religiosa antigua o nueva, grande o pequeña, sólo porque su doctrina y práctica no se ajustan a las mías.Yo he insistido en que SECTA es el nombre que se le da a todo grupo religioso o a toda expresión religiosa que no se ajusta a lo que consideramos que son nuestas supuestas "verdades infalibles". A decir verdad, el señalamiento de "sectario", "hereje", "apóstata" o "pseudo" no es más que una reacción agresiva y cobarde contra aquel o aquellos que no se someten a lo que nosotros creemos, es la única, absoluta y verdadera Verdad revelada.
Otro elemento a tener en cuenta es el debido respeto a la identidad religiosa del otro; este respeto no sólo implica valorar en público y en privado las creencias y la prácticas de fe del otro, sino que tambiuén implicami renuncia a ganarlo para mi asociación religiosa. El hecho de que su sistema de identidad religiosa no se ajuste a mis paradigmas no quiere decir que el otro esté "confundido" o que no sepa a dónde va .
Es inmoral, una grave falta de respeto, valerme de la amistad con el fin de ganar al otro para mi religión. Este tipo de proselitismo en la cultura interreligiosa está prohibido, no se trata de convencer al otro de que está equivocado y de que yo tengo la razón. Algunas veces se recurre a este tipo de proselitismo con el fin de ganar más adeptos, o de "sacar de la jugada" al otro que representa otra experiencia de fe diferente y que también participa del trabajo interreligioso, pensando que "si éste se convierte a mi religión ya no representará una amenaza a mis intereses individuales, estará sometido a mí y yo obtendré mucho más poder".
Supongamos que esté trabajando con un líder de una determinada institución religiosa y en algún momento mi interlocutor me invitara o sugiriera sutilmente a que me convierta a su religión porque, según él, aseguraré mi salvación eterna y haré lo correcto. Si yo tengo bien definidas mis convicciones, por qué habría yo de abandonarlas para abrazar otras creencias con las cuales yo no me identifico? Es inmoral, una grave falta de respeto, siquiera sugerirle al otro con el que comparto la experiencia de cooperación interreligiosa que se adhiera a mi estructura religiosa, como si éste no tuviera definidas sus propias convicciones en materia de fe. Esto jamás debe hacerse en una situación de diálogo o de cooperación interreligiosa.
En Colombia se han logrado significativos avances legales e institucionales en materia de libertad religiosa y de diálogo interreligioso, pero la coyuntura mundial y continental nos exigen ir mucho más allá de los diálogos diplomáticos entre los líderes religiosos más sobresalientes y llevar las banderas de la paz interrelgiiosa a las bases, al pueblo, a las congregaciones más ignoradas o desconocidas, involucrar a otros líderes religiosos, al Estado mismo (desde el gobierno nacional como municipal y departamental).
De esta manera le demostraremos al mundo que sí es posible la paz entre las religiones y que todos trabajamos para evitar que la fe no sea más un instrumento de conflicto.

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